El cáncer de próstata ocurre cuando las células de la próstata
(una glándula del sistema reproductor masculino) comienzan
a crecer de manera descontrolada. Aunque es una enfermedad seria, la detección temprana es fundamental, ya que no solo mejora las posibilidades de un tratamiento exitoso, sino que puede salvar vidas.
Es una patología en la que se forman tumores en la próstata que, en algunos casos, pueden propagarse a otras partes del cuerpo.
La frecuencia de esta enfermedad aumenta con la edad, especialmente a partir de los 60 años. Factores como los antecedentes familiares juegan un papel importante, por lo que
los chequeos regulares son la mejor herramienta de prevención.
En sus etapas iniciales, el cáncer de próstata puede no presentar síntomas claros. Sin embargo, a medida que progresa, o como consecuencia de tratamientos como la cirugía o la radioterapia, pueden aparecer:
Dificultades urinarias: Cambios en el control de la vejiga o incontinencia.
Disfunción eréctil: Dificultad para lograr o mantener una erección.
Alteraciones intestinales: Pueden surgir tras recibir radioterapia debido a la proximidad de la próstata con el recto.
El diagnóstico temprano se basa en controles preventivos recomendados a partir de los 50 años (o 45 si hay antecedentes familiares). Las herramientas principales incluyen:
1.
Análisis de PSA: Un examen de sangre para medir el antígeno prostático específico.
2.
Examen digital rectal: Para evaluar el tamaño y consistencia de la glándula.
3.
Biopsia y estudios de imagen: Para confirmar la presencia de células cancerosas y determinar el estadio de la enfermedad.
El tratamiento depende del estadio del tumor, la edad, el estado general de salud y las preferencias del paciente. Las opciones incluyen:
En tumores de bajo riesgo, con seguimiento periódico.
Reduce los niveles de testosterona que alimentan el crecimiento tumoral.
Uso de radiación para destruir células cancerosas.
Reduce los niveles de testosterona que alimentan el crecimiento tumoral.
En estadios avanzados
o enfermedad metastásica.
La radioterapia es un tratamiento altamente eficaz para el cáncer de próstata. Sin embargo, debido a que la próstata se encuentra junto al recto, esta cercanía puede hacer que el recto reciba parte de la radiación durante el tratamiento. Para disminuir esta exposición, se ha desarrollado una tecnología que permite crear una separación temporal entre la próstata y el recto antes de iniciar la radioterapia. Esta tecnología consiste en la colocación de un hidrogel espaciador, un material biocompatible, biodegradable y absorbible que se aplica entre ambos órganos. Al generar un espacio adicional, aumenta la distancia entre la próstata y el recto durante el tratamiento.
Se trata de un hidrogel biodegradable y absorbible que se coloca antes de iniciar la radioterapia.
Crea un espacio protector: reduce la dosis de radiación que recibe el recto.
Mayor probabilidad de preservar la función sexual, según estudios clínicos citados en el material.
Disminuye efectos secundarios intestinales y urinarios.
Absorción natural: el material permanece aproximadamente 6 meses y luego se reabsorbe por el cuerpo.
El procedimiento es breve y ambulatorio, y se realiza antes de comenzar la radioterapia.
En algunos hombres, pueden persistir efectos secundarios como:
Existen alternativas terapéuticas cuando estos síntomas no se resuelven espontáneamente:
Estas soluciones están destinadas a mejorar la calidad de vida una vez superada la enfermedad oncológica.
Vencer al cáncer es la prioridad. Pero hacerlo preservando tu bienestar diario también importa.
Consulta con un especialista para evaluar la opción terapéutica más adecuada y conocer las estrategias que pueden ayudarte a proteger tu calidad de vida durante y después del tratamiento.
Referencias:
1. Boston Scientific. “Preguntas Frecuentes”. Consultado en Febrero 2026.
2. Boston Scientific. “La vida después del cáncer de próstata”. Consultado en Febrero 2026.