La Enfermedad Vascular Periférica (EVP) o Enfermedad Arterial Periférica (EAP) afecta los vasos sanguíneos fuera del corazón y el cerebro. Se debe a la acumulación de placas de grasa, calcio y otras sustancias que reducen el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos, especialmente en las piernas, pudiendo causar isquemia.
No es una enfermedad hereditaria.
El crecimiento de placa en las arterias obstruye progresivamente el flujo sanguíneo, reduciendo el suministro de oxígeno y nutrientes a los tejidos, especialmente en las piernas, lo que puede causar una condición llamada isquemia.
La EVP no es una enfermedad hereditaria.
Muchas personas con EVP no presentan síntomas. Sin embargo, cuando estos aparecen, las molestias suelen localizarse en las piernas, pies, muslos o glúteos. Una de las principales señales se presenta al caminar cuando se siente un dolor, calambres, ardor, quemazón, pesadez o cansancio. Lo mismo puede suceder al hacer ejercicio y desaparecer con el reposo; esto se conoce como claudicación.
Si la EVP avanza, el dolor puede persistir incluso en reposo, llegando a perturbar el sueño y afectando significativamente la calidad de vida.
Aunque cualquier persona puede desarrollar EVP, ciertos grupos tienen un riesgo significativamente mayor. Los factores de riesgo más fuertemente asociados son el tabaquismo y la diabetes mellitus.
Si sospechas que puedes tener EVP, el primer paso es consultar a tu médico/a de cabecera o médico/a clínico, quien evaluará tus síntomas y antecedentes, y si lo considera necesario, te derivará a un especialista en cardiología o a un cirujano vascular.
El diagnóstico de la EVP se basa en evaluaciones sencillas y no invasivas:
La ausencia o una reducción marcada de los pulsos en las extremidades puede indicar una obstrucción arterial.
Consiste en tomar la presión sanguínea en el tobillo y en el brazo simultáneamente. Valores normales están entre 0.9 y 1.3. Cuanto menor sea este valor, mayor es el grado de obstrucción en la pierna.
Utiliza ondas sonoras para crear una imagen de las arterias, permitiendo visualizar si hay placas que obstruyen el flujo de sangre.
Estos estudios utilizan un medio de contraste especial para identificar arterias estrechadas u obstruidas.
Para personas con diabetes y fumadores, se recomienda una evaluación anual para detectar la EVP a partir de los 50 años, incluso si no presentan síntomas.
El profesional de la salud determinará el tratamiento adecuado para cada paciente, basándose en la gravedad de la condición, la ubicación y extensión de las lesiones, y la condición general de cada persona. El objetivo principal es restaurar y mantener un flujo sanguíneo adecuado hacia las extremidades.
Las opciones de tratamiento incluyen:
Son la primera línea de manejo para la EVP sintomática.
Se introduce un catéter con un balón a través de la arteria obstruida. El balón se infla para comprimir la placa contra la pared arterial y despejar el vaso. A menudo, se coloca un pequeño tubo de malla metálica (stent) u otro dispositivo en la arteria para reducir la posibilidad de que el vaso se vuelva a cerrar.
Se introduce un catéter con un balón a través de la arteria obstruida. El balón se infla para comprimir la placa contra la pared arterial y despejar el vaso. A menudo, se coloca un pequeño tubo de malla metálica
(stent) u otro dispositivo en la arteria para reducir la posibilidad de que el vaso se vuelva a cerrar.
En esta intervención, se crea un «puente» entre dos segmentos sanos de la arteria, evitando la parte obstruida. Generalmente, este puente se realiza utilizando una vena del propio paciente o un pequeño tubo artificial.
La Enfermedad Vascular Periférica (EVP), también conocida como Enfermedad Arterial Periférica (EAP), es una condición donde las arterias fuera del corazón, arco aórtico o cerebro desarrollan «placas». Estas placas, compuestas de lípidos, grasa y colesterol, entre otros, estrechan las arterias y reducen el flujo sanguíneo a las piernas.
Muchos no presentan síntomas. Cuando sí, son molestias en piernas, pies, muslos o glúteos, como calambres o ardor al caminar o hacer ejercicio, que desaparecen con el reposo (claudicación). En etapas avanzadas, el dolor puede ser constante. Otros signos incluyen úlceras que no cicatrizan, frío o entumecimiento en las piernas, y disfunción eréctil en hombres diabéticos.
Cualquier persona puede desarrollarla, pero el riesgo aumenta con el tabaquismo, la diabetes, la edad (especialmente después de los 50 ), colesterol alto, presión arterial alta, obesidad, inactividad física, antecedentes familiares de EVP, ACV o enfermedad cardiovascular.
El primer paso es consultar a su médico. El diagnóstico se realiza con exámenes simples y no invasivos como la evaluación del pulso en las piernas, el Índice Tobillo-Brazo (ITB/ABI) , Eco-Doppler y, si es necesario, estudios más avanzados como la Angiografía (Angio Resonancia, Angio Tomografía, Angiografía Digital).
El tratamiento se adapta a cada paciente con el objetivo de restaurar el flujo sanguíneo. Incluye cambios en el estilo de vida (dieta, ejercicio, dejar de fumar) y medicamentos. Para casos específicos, existen tratamientos mínimamente invasivos como la angioplastia (con balón o stent ) y, en algunos casos, cirugía de bypass.
Referencias:
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